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Marcas · Proyecto · 3 min de lecturaPor

Caramelos para adultos que llevan en la caja el mapa de calor de su sabor

AUGE Design ha creado Strangers, caramelos de sabores raros para Valgosa. Cada caja lleva un estampado borroso, generado a partir del sabor que esconde, como un mapa de calor.

Caja de caramelos Strangers de mango, café y guaraná, con estampado de ondas naranjas y rosas, apoyada sobre un mango maduro con un caramelo encima
Strangers, de mango, café y guaraná. Imagen: cortesía de AUGE Design.

«Hello stranger. I don’t think we’ve met before»: así se presenta cada caja de Strangers, con un «hola, desconocido, creo que no nos conocemos» impreso en negro sobre la tapa. Es un caramelo que presume de ser un desconocido, y el estudio AUGE Design ha diseñado toda la marca alrededor de ese saludo.

Torre de cuatro cajas de caramelos Strangers apiladas ligeramente torcidas, con estampados rojos, rosas, verdes y amarillos sobre fondo azul oscuro Caja verde de Strangers con manchas rosas, de fresa, acerola y estragón, con una manzana roja encima sobre fondo negro

Strangers nace en Valgosa, una empresa familiar que trabaja con especias desde 1912. Sus caramelos duros, sin azúcar y veganos, llevan mezclas poco habituales: frambuesa, pimienta y lichi; azafrán, flor de azahar y canela; fresa, acerola y estragón; menta, melón y melisa; mango, café y guaraná.

Un mapa de calor en cada caja

El sabor se ve antes de probarlo. AUGE ha creado un sistema que traduce el perfil sensorial de cada mezcla (especia, acidez, intensidad y complejidad) en un estampado único. El resultado son manchas y ondas desenfocadas y granuladas, como las de un mapa de calor, que cruzan toda la caja. La de azafrán es roja y amarilla; la de fresa, verde con manchas rosas; la de chai y jengibre, amarilla con ondas negras.

Pared de cajas de caramelos Strangers de frambuesa, pimienta y lichi, con ondas rosas y blancas sobre fondo negro y el logotipo cortado por el encuadre

Como cada estampado sale del sabor, ninguna caja se parece del todo a otra. El dibujo no dice «frambuesa», que sería lo fácil, sino que deja intuir cuánto pica, cuánta acidez lleva o cuánto dura. Según AUGE, el sabor se descifra en lugar de reconocerse al instante.

Primer plano de una caja amarilla de Strangers con ondas negras y el texto de saludo, junto a una caja roja de azafrán, azahar y canela Caja abierta de Strangers de frambuesa, pimienta y lichi, con el saludo impreso en negro sobre el interior rosa y blanco

Nada de lo que se espera de un caramelo

El estudio quería que la marca rompiera los códigos de la categoría y hablara a un público más adulto. Por eso Strangers evita las señales de dulzura, no asigna a cada sabor el color que le toca y no usa ilustraciones que tranquilicen. La tipografía es nítida y firme, y el tono de la marca es directo y provocador: caramelos para quien busca combinaciones raras, no las de siempre.

Filas de cajas de Strangers bajo un expositor negro con el texto de saludo, en amarillo, rojo, rosa y verde

El expositor sigue la misma idea. Es una caja negra con el logotipo en grande y un panel trasero con el saludo, y dentro las tapas de colores asoman como una fila de manchas de calor.

Expositor negro de Strangers lleno de cajas rojas y rosas, con el logotipo en letras blancas y el saludo en el panel trasero Dos cajas de Strangers inclinadas en el aire, una rosa de frambuesa, pimienta y lichi y otra verde de fresa, acerola y estragón

El texto de cada caja describe el sabor con tono de cata: en la de frambuesa, la acidez vibrante de la fruta, el chispazo de la pimienta y un final de lichi que se alarga.

La mirada

RedacciónPokaYoke

El caramelo siempre ha vendido dulzura con colores de fruta y dibujos que tranquilizan; Strangers hace lo contrario y deja que el sabor se dibuje solo. Es la lógica de una cata a ciegas: la mancha de calor no te dice «fresa», te deja intuir que algo pica, aprieta o perfuma. Me gusta que el sistema genere un estampado distinto para cada mezcla sin perder la mano de la marca, que sigue en las letras y en el saludo de la tapa. La duda es si, de pie en una estantería de caja, alguien lee la mancha o solo ve algo bonito. Quizá basta con lo segundo.

Fuentes

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