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Foto e ilustración · Proyecto · 2 min de lecturaPor

Shuto Okayasu pinta tiendas de barrio, auroras y siestas como si fueran a desaparecer

El pintor japonés mezcla ukiyo-e, manga y pintura realista en «Impermanence», una exposición en la galería Plato de Nueva York que se puede ver hasta el 7 de noviembre.

Esquina de Brooklyn al anochecer: un chico con gorra y jersey de rayas camina con un gato en brazos delante de una tienda con toldo azul que pone «Deli»
Obra de «Impermanence». Foto: cortesía de Shuto Okayasu.

Una tienda de barrio con el toldo azul encendido al anochecer. Un chico que camina con un gato en brazos. Otro gato que lo sigue. Cada letrero, cada cartel del escaparate y cada baldosa mojada de esta escena están pintados con una precisión casi fotográfica, y la pintura sigue siendo pintura.

Una pareja dormida sobre una mesa de madera y un bebé tumbado en primer plano, en una habitación abierta a un campo de flores blancas bajo un cielo estrellado

Shuto Okayasu es un artista japonés que vive en Brooklyn. Estudió en la universidad Tokyo Zokei y trabajó como aprendiz con Takashi Murakami y con Tomokazu Matsuyama. Su exposición «Impermanence/無常» está en la galería Plato, en Nueva York, hasta el 7 de noviembre de 2026.

Lo que no se repite

El título nombra la idea que atraviesa el arte japonés y también la vida del propio Okayasu: nada dura. Según la reseña de Booooooom, la muestra recoge las estaciones de Nueva York, el nacimiento de sus hijos y la música en directo, que nunca suena dos veces igual.

Rotonda en espiral vista desde abajo, teñida de rojo y rosa, con una banda de músicos disfrazados rodeada de público

Para contarlo mezcla referencias de cuatro orígenes: el ukiyo-e (las estampas japonesas en madera), el nihonga (la pintura japonesa tradicional), el manga y el anime, y la tradición occidental del impresionismo y del realismo. Se nota sin necesidad de leer nada. La luz que se cuela entre las hojas del otoño es de pintor impresionista, y los cielos de aurora o de lluvia de estrellas tienen la planitud decorativa de una estampa.

Calle de Brooklyn en otoño: un chico con una chaqueta azul que pone «Knights» lleva a un niño en brazos bajo un árbol de hojas naranjas, junto a una tienda de comestibles

Del barrio al cielo estrellado

Las escenas realistas y las soñadas conviven en la misma exposición. En unas, la ciudad: una tienda de comestibles en una esquina con nieve y un muñeco de nieve en la acera. En otras, la fantasía: un chico con auriculares que camina descalzo sobre un lago luminoso lleno de mariposas y nenúfares, o alguien dormido sobre un colchón en medio de un campo mientras llueven estrellas.

Un chico con auriculares y camisa de cuadros camina descalzo sobre una superficie dorada con nenúfares y mariposas, bajo una aurora de colores

Un chico duerme tumbado boca abajo sobre un colchón en un campo de hierba alta, con dos gatos mirándolo y estrellas fugaces en el cielo

Hay algo que se repite en varios cuadros: la persona que los cruza va a lo suyo y no mira al espectador, como si el pintor la hubiera pillado de paso.

Esquina nevada en Woodbine Street: un chico con abrigo marrón y bufanda camina delante de una tienda amarilla; a la izquierda, un muñeco de nieve

La mirada

RedacciónPokaYoke

Un chico con una chaqueta de equipo de béisbol cruza una esquina de Brooklyn con un bebé en brazos, y la hoja del árbol que tiene encima está pintada una a una. Okayasu dedica a lo cotidiano la paciencia de un pintor de estampas, y funciona porque no hace falta saber nada de ukiyo-e para entender que ese instante no volverá. Me quedo con la fachada de la tienda, que podría ser una fotografía, y con la duda de si quiere que lo sea.

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