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Marcas · Proyecto · 2 min de lecturaPor

Una etiqueta de vino que parece fotografiada desde un tren en marcha

El estudio barcelonés Atipus viste el primer vino tranquilo de Maria Rigol Ordi con franjas amarillas, verdes y azules que dan la vuelta a la botella como un paisaje visto a toda velocidad.

Botella de Vinya Llarga tumbada en diagonal sobre fondo gris, con la etiqueta blanca y la banda de franjas amarillas y verdes difuminadas
La etiqueta de Vinya Llarga, con la franja que da la vuelta a la botella. Imagen: cortesía de Atipus.

Vinya Llarga significa «viña larga» en catalán, y el estudio Atipus lo tomó al pie de la letra. Una banda de franjas amarillas, verdes y azules rodea la botella como si alguien hubiera hecho una foto desde la ventanilla de un tren a toda velocidad.

Tres botellas de Vinya Llarga en fila con la etiqueta blanca, el nombre en letras negras estrechas y la banda de franjas difuminadas amarillas y verdes

Es el primer vino tranquilo, es decir, sin burbujas, de Maria Rigol Ordi, que trabaja en Sant Sadurní d’Anoia, en el Penedès, una zona conocida sobre todo por el cava. Su viña viene de 1897, y la etiqueta lo dice con un pequeño «des de 1897». La botella es de vidrio marrón y la etiqueta, de papel blanco con textura.

Un tren que frena en la contra

Lo demás es muy callado. «Vinya Llarga» va arriba en mayúsculas negras estrechas, el nombre de la productora abajo, y en medio unas líneas diminutas: vino de parcela, cien por cien xarel·lo, fermentación y crianza en ánfora, 2024, una edición de 2.619 botellas. Así el color queda como único protagonista.

Primer plano de la etiqueta con las franjas amarillas y azules sobre papel con grano y, al lado, el cuello de una botella

En la contraetiqueta pasa algo más. Las franjas se van aclarando hasta resolverse en una mancha de hojas verdes, como si el tren redujera la velocidad y el paisaje volviera a enfocarse.

Tres botellas de pie con la contraetiqueta a la vista, donde las franjas terminan en una mata de hojas verdes

Fabiola Ureña, de Atipus, explica que la intención era dar a la botella una presencia fuerte sin perder la calidez. El estudio resume el resultado como una idea sencilla que da al vino carácter, ritmo y un punto juguetón.

Una botella de pie sobre fondo gris con la etiqueta de franjas y, al lado, varias botellas tumbadas con la franja iluminada en tonos arcoíris

En la foto de la derecha, con las botellas tumbadas, las franjas toman un brillo irisado donde les da la luz.

La mirada

RedacciónPokaYoke

Cuesta encontrar una idea de etiqueta que se entienda en un segundo y siga dando que mirar de cerca. Atipus parte del nombre, «viña larga», y lo convierte en una foto movida: el amarillo, el verde y el azul se estiran sobre papel con textura y el resto de la etiqueta se queda en letras negras estrechas y datos pequeños. Hay una decisión que me gusta especialmente: en la contra, las franjas se aclaran en una mata de hojas, como si el tren frenara. Mi duda es cómo se verá la franja cuando la botella esté en una estantería con otras diez, pero el trazo horizontal debería ayudarle.

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